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Primera ruta familiar (RF): ¡Hasta la cima!


¡Lo hemos conseguido! ¿Cómo? Pues muy fácil: ¡saliendo!

A la hora prevista y con puntualidad envidiable hasta en Centro Europa, estábamos todos en la puerta de Codec.

Se notaban las ganas de acometer la primera excursión familiar de este curso. Se mezclaba la sensación de emprender lo desconocido con los saludos de las madres y padres que acaban de verse de nuevo. La sonrisa de los más pequeños, el “carrito 4×4”, las mochilas y enlatarnos en cada coche fue todo uno. Con inusitada rapidez, casi sin darnos cuenta, ya estábamos en ruta hacia el pinar de Valsaín.

Llegamos en un plis plas al CENEAM, que era nuestro punto de partida, y emprendimos nuestra marcha, ante la expectación de los más pequeños cuando les contamos que de esos pinares se obtuvieron los mástiles de la Armada Invencible.  Hemos logrado documentar esta información gracias a la ayuda de un padre de Codec, pues pensábamos que sólo era un especie de leyenda. Claro, es que además Valsaín en castellano antiguo era “Balsaín”.

Al ritmo que nos marcaba el “carrito 4×4” de la excursionista más joven y aguerrida, nos fuimos adentrando poco a poco en la espesura del pinar, recorriendo un agradable camino. El rumor de las bromas, las risas de los pequeños y la distendida conversación de los mayores parecía allanar aún más la senda.

Tras dejar a nuestra vera varios de los arroyuelos de la zona, alcanzamos la “cacera” o canal que conduce el agua hasta una un depósito, que no es el que irriga las fuentes del Palacio de San Ildefonso de la Granja. A poca distancia se encontraba el puente que cruzaba el río en el que algunos, además de hacerse amigos de las ranas, pudieron chapotear bien a gusto con la corriente que bajaba tranquila.

Hicimos nuestra primera parada y varios aprovecharon para ponerse al día con su respectivo equipo de fútbol, aclarando incluso qué rivales es mejor no tener o qué equipos del norte son los mejores del mundo… También valió la pena el rato de parada para los “depredadores de moras”, que no dejaron más que las que estaban verdes… Y menos mal que alguno dijo que no le gustaban mucho.

Finalmente reemprendimos la marcha en el tramo final, muy cercano a la Fuente del Ratón, que era nuestra meta. Allí nos esperaba una fuente de agua fresca, una mesa de picnic fantástica y un banco que hizo las delicias de los que, incluso, habían empezado a sudar para entonces.

Como habíamos imaginado, los  más aventureros de Codec no se conformaban con tan poco y ¡se lanzaron a coronar la cima hasta la cascada! Después de despedirnos de los que se quedaban a disfrutar del frescor de la fuente, se lanzaron camino arriba como si les fueran a quitar los pinos.

En menos de una hora, ya habían llegado hasta la cascada y no fueron pocos los que se refrescaron bajo su corriente. Superadas las dos rampas duras, que son realmente dificilillas, fue muy divertido llegar hasta arriba, retozar en la laguna y recobrar fuerzas. Se cumplió la frase que dijo uno de los padres: “el cansancio es temporal, el orgullo perdurable…”

Después de recargar agua y ponernos las pilas nuevas, bajamos como el viento hasta la fuente en que nos esperaban para el almuerzo. Nos dio las energías que necesitábamos.

Tras una agradable sobremesa, incluyendo el café irlandés que es especialidad de la casa, la tertulia resultó muy amena y divertida, condimentada con una buena dosis de cine, actualidad y lo mejor del entretenimiento actual.

Regresamos pasando por el CENEAM para ver una maqueta enorme de la Sierra Madrileña y Segoviana. Una ocasión magnífica para planificar “en 3D” nuestras próximas salidas, que ya tienen destinos muy concretos y que no nos vamos a perder ni de broma.

Algunas imágenes de esta primera ruta familiar nos quedarán para el recuerdo, pero ¡nada como haberlo disfrutado en vivo!

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